Enfermedades del hígado en el embarazo

Enfermedad Hepática y Embarazo.

El embarazo condiciona a que existan cambios transitorios en el metabolismo que tienden a regresar a la normalidad después del nacimiento:
1.    Aumento en número de glóbulos blancos
2.    Aumento en la cantidad de triglicéridos y colesterol
3.    Anemia transitoria hacia el final del embarazo
4.    Aumento de producción de proteínas plasmáticas y factores de coagulación. Estos cambios se consideran normales como parte del proceso del embarazo, y solamente requieren una observación periódica durante el control prenatal. Hay un grupo de enfermedades hepáticas propias del embarazo, que comprende las siguientes:

1. Hiperemesis Gravidarum. Ocurre en 0.3% de los embarazos. Consiste en vómitos incontenibles durante el primer trimestre del embarazo. La severidad de estos vómitos llega a ser tal, que la mujer afectada puede llegar a requerir hidratación intravenosa. Las causas asociadas son varias, entre ellas el hipertiroidismo, alteraciones psiquiátricas, diabetes, y embarazo gemelar. También se debe de sospechar la presencia de un embarazo molar.  Hasta 50% de las pacientes pueden llegar a presentar alteraciones en las pruebas de funcionamiento hepático, y en ocasiones, ictericia (coloración amarilla de piel y mucosas). Las pacientes requieren ser hospitalizadas para ser hidratadas por vía intravenosa, también se sugiere restringir la dieta de alimentos grasosos que pudieran sobrecargar el hígado.

2. Colestasis Intrahepática del Embarazo. Este padecimiento se relaciona con el aumento de hormonas sexuales femeninas durante el tercer  trimestre del embarazo, las cuales se elevan aún más en condiciones como los embarazos múltiples. Estas hormonas tienen un efecto “colestásico” en el hígado, que favorecen a la acumulación de sales biliares en el hígado y tejidos. Se manifiesta alrededor de las semanas de gestación 25 a la 36, presentándose prurito (comezón) intenso en todas las partes del cuerpo, acompañado de alteraciones en las pruebas de funcionamiento hepático y niveles elevados de sales biliares en sangre. En ocasiones puede haber ictericia y diarrea por malabsorción de grasas en la dieta.  Este padecimiento se considera de alto riesgo para el feto, ya que las sales biliares son tóxicas para la placenta. Se recomienda el manejo conjunto con un obstetra experimentado en embarazos de alto riesgo. Los embarazos subsecuentes requieren un seguimiento estrecho debido a que la recurrencia de este padecimiento es alta. Las alteraciones que presenta la madre se resuelven una vez que se termina el embarazo.

3. Preeclampsia. La preeclampsia ocurre en 5% a 10% de los embarazos y consiste en hipertensión, acumulación de líquido en tejidos blandos (edema) y excreción de proteínas en orina. Cuando este cuadro se complica, se crea un ambiente tóxico dentro del cuerpo, y puede haber alteraciones más serias, entre ellas daño hepático agudo y muerte masiva de los glóbulos rojos y disminución importante de las plaquetas de la sangre. Para prevenir la aparición de preeclampsia, es necesario llevar un control prenatal adecuado que permita al médico estar al tanto de elevaciones anormales de peso y presión arterial.

Cuando se presenta, la preeclampsia se maneja controlando la presión arterial y el balance de líquidos, y, si la edad gestacional lo permite, se acelera el trabajo de parto, ya que éste detiene las alteraciones antes descritas.
Hígado Graso Agudo Asociado al Embarazo. Este padecimiento ocurre casi exclusivamente durante los primeros 3 meses del embarazo y se considera peligroso para la vida de la madre y el feto. Consiste en la acumulación rápida de grasas en la arquitectura celular del hígado. Esto produce un aumento del tamaño del órgano, ictericia y dolor en el cuadrante hepático del abdomen, que puede culminar con una falla hepática aguda. Previo a este cuadro la paciente puede haber cursado con pérdida de apetito y aumento en la frecuencia de vómitos. La mitad de las pacientes pueden además cursar con preeclampsia.

El daño hepático puede progresar y producir alteraciones en otros órganos, por lo que también puede haber insuficiencia renal, anemia, sangrados anormales o convulsiones. Debido a que es un padecimiento que pone en peligro la vida de la madre, es importante que el médico considere la terminación del embarazo. Es importante que la pareja decida si va a intentar otro embarazo, ya que la recurrencia de este padecimiento es muy alta.

Otras enfermedades hepáticas pueden ocurrir coincidentemente con el embarazo. Entre ellas, las hepatitis virales requieren una mención especial. La hepatitis tipo A tiende a tener un curso más complicado en pacientes adultos, si ocurre durante el final del embarazo puede haber complicaciones como parto prematuro y bajo peso al nacer. Dentro del control prenatal se incluyen análisis para hepatitis B, y su vacunación, en caso de considerarse necesario. En caso de que la madre sea portadora, el objetivo es tratar de disminuir la carga viral por medio de inmunoterapia, esto con la finalidad de disminuir el riesgo de contagio durante el parto.

Durante el tercer trimestre, el líquido biliar se puede sobresaturar de colesterol debido a cambios en el metabolismo propios del embarazo. Esto favorece a la aparición de cálculos biliares. Cuando se presentan síntomas, éstos son los clásicos de un cólico biliar (dolor, pérdida de apetito y vómitos), aunque el dolor puede tener una localización diferente debido a que el útero grávido desplaza los órganos abdominales. Generalmente se ofrece un tratamiento conservador, pero algunos casos pueden requerir una intervención quirúrgica. Durante el tercer trimestre del embarazo, es posible realizar una colecistectomía sin que represente un riesgo mayor para el embarazo, siempre y cuando sea realizada por un profesional.